sábado, 5 de noviembre de 2011

EUZKO ALDERDI JELTZALEA

Construcción simbólica del paisaje vasco en cuatro autores: Sabino Arana Goiri, Miguel de Unamuno, Vicente Arana y Pío Baroja (1880-1905)

Mikel LORENZO ARZA

Nacionalismo. Sabino de Arana Goiri en la cárcel de Larrinaga. Año 1902
La abolición foral del 21-VII-1876, se ha considerado una fecha determinante en la evolución social y histórica del País Vasco. Tras la abolición foral, se constituiría el “fuerismo intransigente” en torno a la Sociedad Euskara (1878-1886) y la Sociedad Euskalerría (1886-1898), como un conjunto de iniciativas culturales y políticas encauzadas a la restauración del status quo del 25 de octubre de 1839. Desde una perspectiva ideológica, el movimiento fuerista buscaba preservar una identidad colectiva moral esbozada durante todo el periodo isabelino (1844-1868), tal y como lo formula Aristides de Artiñano: “La religión, la familia, y el trabajo, he aquí el resumen de las costumbres públicas y privadas del pueblo bizcaíno”1. Esta identidad colectiva isabelina también tendría su correlato paisajístico en una exótica, virginal y mítica construcción simbólica del paisaje vasco elaborada durante toda la segunda mitad del s. XIX : “Las risueñas vegas de Zaldibar y Berriz; los inmensos castañares que se extienden al mediodía ; y más lejos, el elevado monte de Udala, llamado en otros tiempos Babilonia; los blancos y enormes peñascales de Amboto, Mañaria, Urquiola, Gorbea...”2. La indisociabilidad del correlato paisajístico y el código moral forzarían al escritor fuerista a sacralizar la violencia como expresión autoafirmativa engarzadora del paisaje y la moral3. Estas líneas de Juan Venancio Araquistain sintetizan parte de esta indisociabilidad afectiva que imponía el deseo de defender el espacio edénico: “Allí viven sin siervos ni señores, con sus hijos arando en la alta sierra; al oír la vasca tibia, en son de guerra trocaban su chartés por la coraza”4. A partir de figuras medievales idealizadas como Jaunzuria se recrearía a lo largo de toda la literatura fuerista (1851-1890) ese vínculo emocional aparentemente indisociable entre paisaje y violencia5.

Arturo Campión. El desdibujamiento de la violencia como engaste del paisaje y la moral, tendría sus primeras fisuras desde el propio fuerismo. Vicente Arana (1846-1890) sería ya un escritor atípico para los propios escritores coetáneos. Arturo Campión advertiría sobre el historicismo fuerista de Arana: “Es decir que sus personajes son a menudo vascongados como quisiéramos que fuesen y pudieran serlo realmente, pero a menudo dejan de ser tipos vascongados para convertirse en tipos humanos”6. Entre 1880-1890, Vicente Arana deslegitimaría la sacralización de la violencia como engarce entre paisaje y moral iniciando desde dentro del propio fuerismo, una reconstrucción simbólica del paisaje foral. En “Las ninfas del Zadorra”, la figura del patriarca de las libertadas euskaras recibe un tratamiento poco acorde a la solemnidad que merece :“Con la agilidad de un muchacho de quince años, el anciano Aitor corrió tras la blanca hija del Ebro pero sin lograr alcanzarla”7. Esta dimensión [lúdica] se habría manifestado también en el tratamiento de otras materias relevantes para la tradición foral, como la descripción de una reunión de la juntas forales bajo el árbol santo: “El frac última moda se roza con la vetusta aguamarina; el calzón de pana o de otro tejido grosero, con el pantalón de finísimo paño del Elbeuf...”8. En Vicente Arana apreciamos también los primeros conatos de un uso autobiográfico e introspectivo del imaginario foral: “No me busques en el brezal de Hampstead, en los jardines de Hampton Court, ni en el palacio de Cristal digno de los dioses; no fue la ninfa del Zadorra la que te acompañó a tan deliciosos lugares; no fue la ninfa del Zadorra la que se pasea apoyada en tu brazo”9. La influencia de los personajes femeninos sobre los héroes fueristas cuestionará la identidad personal de los propios héroes fueristas y su percepción del imaginario foral. El Jaunzuria de Vicente Arana dudará entre el apego a la patria o el amor de su amada en una introspección inusitada para un caudillo de las libertades vascas: “Mi corazón dice que debo sacrificarlo todo en aras de mi amor pero como Señor y Caudillo del Vizcaya no estoy obligado a servirla y sacrificarme por ella”.

Miguel de Unamuno y Jugo. La progresiva deconstrucción introspectiva y emocional del “oasis [foral]” a través de una implicación autobiográfica reconstructiva determinará en parte el surgimiento de un nuevo escritor vasco. Así lo anunciaría Miguel de Unamuno (1864-1936) estableciendo un aparente distanciamiento crítico con la literatura fuerista desde una perspectiva literaria. “Por qué gastaron los poetas su ingenio en leyendas vascongadas, en leyendas vasco-cantabras, en leyendas de vascos en el s.VII?...”10. Este aparente distanciamiento crítico también se producirá en Sabino Arana Goiri (1865-1902) criticando el “oasis foral” a lo largo de su obra desde una perspectiva política, como “un virus españolista que influye en la percepción de Bizkaya por parte de los autores oriundos y extranjeros”11. Pío Baroja (1872-1956) completará la crítica del “oasis foral” desde un desprestigio kantiano: “No sé si tengo realidad objetiva, si existo en el mundo de los fenómenos o si soy un engendro de la fantasía del musiu Chaho”12. Esta crítica inicial marcará el punto de inflexión desde el cual partirán los cuatro autores para una reconstrucción literaria de su propia memoria incidiendo en objetos que se perdieron con ese mundo foral infantil e intrauterino (la lengua, la madre, el espacio..).

Pío Baroja. La pérdida traumática del “mundo foral” exigirá tanto en Miguel de Unamuno como en Arana Goiri una necesaria reconstrucción de su memoria a través de la literatura. La perdida del vínculo materno en ambos autores provocará el nacimiento de la lengua como instrumento memorístico a través del cual afanarse en la evocación del paisaje perdido: Una evocación persistente del paisaje perdido que deviene en retórica ideologizada. Tras la perdida del vínculo materno, tanto en Unamuno como en Arana Goiri, el lenguaje literario refugiará la maternidad de la patria en las alturas de las cumbres huyendo de la aridez de la llanura castellana13. El antimaquetismo se construye dentro de sus discursos literarios como respuesta a la desertización del vergel materno (la patria) frente al maqueto (habitante de la meseta) que encarna la africanización, la perdida del casticismo, y la desertización del paisaje materno: “Aquellos campos lo mismo podían ser los de Castilla que los de Arabia”14. En ambos autores persistirá el empecinamiento violento en torno a la homosexualidad, la arabización y decadencia de Castilla como culpables de la perdida del paisaje: “Inmensa muchedumbre de moros llenaban su espacio, todos de rodillas, con la espingarda en el suelo”15. En Arana Goiri la repulsión por el maqueto causaría tanto pavor que gran parte del sustrato literario de lo que luego sería su discurso político, se fundamentará en una nostalgia andrógina muy acorde al arte simbolista finisecular: La raza maqueta: “raza rastrera, vil, libidinosa, femenina” se contrapondrá a la raza bizkaitarra (nekazaris / arrantzales) que rinde culto sólo al vergel materno mediante la ezpatadantza16. En 1884, tras la realización de su tesis doctoral, Unamuno habría evolucionado hacia la focalización del lenguaje fragmentario de la infancia bilbaína (dialecto bilbaino). A través de sus artículos en El Nervión (1891-1892), Unamuno sellará la construcción simbólica del paisaje edénico sobre la lengua fragmentaria reevocada en Recuerdos de Niñez y mocedad (1908).

En Pío Baroja (1872-1956), el paisaje vasco se convierte en medio geográfico que determina al individuo sentimentalmente y moralmente frente al artificio de la civilización: Al igual que en el discurso simbólico de Arana Goiri, la modernización será un factor destructor de la raza y lo más importante para Baroja, de las condiciones naturales del miembro de la raza: “Lo que le gustaría al pueblo es el rey caudillo, el rey guerrero, no los reyes modernos, viajantes de comercio,”17. Tanto Arana Goiri como Baroja compartirán una inversión de los valores cristianos dentro del mito ario (Ambos buscarán al primer vasco que devuelva el paisaje perdido al pueblo)18: Zalacaín, el vasco comarcal y fronterizo, capaz de “bañarse en Ocin beltz, a pesar de que todo el mundo consideraba este remanso peligrosísimo”19 se opondrá al arrantzale provinciano de Arana Goiri “sufrido y orgulloso”20 . En Baroja el paisaje destruirá el discurso histórico y por lo tanto negará la reconstrucción simbólica de la provincia foral. La construcción simbólica del paisaje barojiano evolucionará hacia la comarca: “Nuestra comarca es pequeña, sin grandes horizontes, tengo más simpatía por lo pequeño que por lo enorme y colosal.”21

1 ARTIÑANO Aristides, El señorio de Bizcaya, Bilbao, Amigos del Libro Vasco, 1985, pág. 40.
2 ARANA, Vicente, Los últimos íberos, Bilbao, Amigos del Libro Vasco, 1982, pág. 67.
3 JUARISTI LINACERO, Jon, El linaje de Aitor, Madrid, Taurus, 1988.
4 ARAQUISTAIN Juan Venancio, Tradiciones Vasco-Cantabras, Zarautz, Roger, 2000, pág.19.
5 ARENAZA URRUTIA, Jose María, Anselmo Guinea, un pintor para la modernidad (1854-1906), Bilbao, BBK, 2006, pág.107-111.
6 CAMPIÓN Arturo, “Escritores euskaros contemporaneos: Vicente Arana”, Revista Euskara, 1883, VI, págs. 12-22 / 118-123.
7 ARANA Vicente, “Las ninfas del Zadorra” en Los últimos íberos, Bilbao, Amigos del Libro Vasco, 1988, pág. 353.
8 ARANA, Vicente, op.cit. pág. XV.
9 ARANA Vicente, op.cit.pág. 357.
10 UNAMUNO Miguel, “En Alcala de Henares”, Noticiero Bilbaíno, 18-11-1889.
11 ARANA GOIRI, Sabino, “Fuerismos falsos” en Obras Completas, Bayona-Buenos Aires, Sabindia Batza, 1965, volumen I, págs. 258-261.
12 BAROJA, Pío, “La leyenda del Jaun de Alzate” en Obras Completas, ed. José Carlos Mainer, Barcelona, Opera Mundi, 1998, volumen I, pág.536.
13 ARANA GOIRI Sabin: Mendietako bizkar zabalak / aratu egixuz ondo/ en “Olerkijak”, op.cit. pág. 2400 ; UNAMUNO Miguel, “Cancionero” en Obras Completas, ed. Ricardo Senabre, Madrid, Biblioteca Castro, 2002, págs. 103,104, 157, 221, 255.
14 UNAMUNO Miguel, “En Alcala de Henares”, op.cit. ; ARANA GOIRI, Sabino, “Pedagogía maketil” en Obras Completas, op.cit. pág.345.
15 UNAMUNO, Miguel, “En Alcala de Henares”, op.cit.
16 ARANA GOIRI, Sabino, “Ezpatadantza, Baserritarra, 26-XI-1895.
17 BAROJA, Pío, Obras Completas, II, op.cit. pág. 96.
18 BAROJA, Pío, Obras Completas,II, op.cit. pág. 336.
19 BAROJA, Pío, Obras Completas ,I, op.cit. pág. 342.
20 ARANA GOIRI, Sabino, “Buena lección” op.cit. pág. 345.
21 BAROJA, Pío, Obras Completas, I, op.cit. pág. 475.

EUZKO ALDERDI JELTZALEA

La otra estirpe de los Arana Goiri: Vicente Arana (1848-1890)

En la primera y más famosa de las novelas de Miguel de Unamuno sobre el País Vasco, Paz en la Guerra (1898), encontramos bajo el trasunto literario una descripción sobre lo que podría ser la familia Arana Goiri, antes del Sexenio Revolucionario: “Eran los Arana dos, Don Juan, el mayor, el que dirigía la casa y Don Miguel de Arana. Esclavo Don Juan del escritorio, hallábase en él al abrirlo, y hasta que se cerrará no lo dejaba; iba al muelle a ver llegar el barco consignado a él, y a presenciar algo de la descarga, y cuando se paseaba entre los géneros del almacén solían darle accesos de sentimentalismo mercantil”1. Personalmente, nos interesa el personaje de Miguel de Arana, por tratarse de un camuflaje literario donde se escondería el primo de Sabino Arana Goiri: el escritor fuerista Vicente Arana (1848-1890), una personalidad excéntrica y contrapuesta a su primo Sabino Arana Goiri.

Miguel Unamuno.
Unas líneas más adelante se describe así a Miguel de Arana, figura bajo la cual esconde Don Miguel de Unamuno a Vicente Arana: “Don Miguel, el menor de los Arana, era un solterón con fama de raro que vivía solo con una criada lo cual daba no poco que hablar a los desocupados.”2. Más adelante se le describe: “Gustábale, además, concurrir a romerias y jolgorios donde gozaba en ver bailar a los demás”3. Vicente Arana sería hijo de Andrés Arana, y Sabino Arana, hijo de Santiago Arana. Los dos hermanos conformaban: “La razón social Arana Hermanos era liberal de abolengo y católica a la antigua, y su firma una de las primeras en toda suscripción piadosa. Perseguían el negocio de tejas abajo sin desatender el gran negocio de nuestra salvación”4. Las divergencias entre las dos ramas familiares de los Arana Goiri vendrían tras el tumultuoso Sexenio Revolucionario (1868-1874), y especialmente tras la II Guerra Carlista (1872-1876). La ruina de los astilleros de los Arana Goiri a causa de la aparición de buques con cascos de hierro fabricados por Italia o Inglaterra, enconaría aún más las turbias relaciones entre Santiago Arana (carlista) y Andrés Arana (liberal).

Hasta ahora hemos conocido el desarrollo y la evolución ideológica de una de las ramas de los Arana Goiri; sin embargo, curiosamente, Vicente de Arana, fue un escritor que aunó en sus críticas tanto a Miguel de Unamuno como a Sabino Arana Goiri.

Unamuno y Arana Goiri inciarían sus polémicas descripciones etimológicas en La Revista de Vizcaya (1885-1889)5,una de las iniciativas culturales más sólidas y competentes en el País Vasco, hasta la aparición de Hermes (1919-1923). Esta revista sería dirigida y financiada por Vicente Arana y desgraciadamente desaparecería por falta de apoyos sólidos. Vicente Arana fue un referente literario e ideológico para los jóvenes Arana Goiri y Miguel de Unamuno. Ambos veían en Vicente Arana, una figura a derribar para convertirse en referentes dentro del endógeno mundo literario y cultural bilbaíno. Vicente Arana era un personaje cosmopolita dentro del mundo fuerista. Había publicado cuatro obras: Oro y Oropel (1876), Los últimos iberos (1882), Jauzuria o el caudillo blanco (1887), Leyendas del Norte (1890). Sin embargo, era más conocidos por sus excentricidades literarias dentro de un mundo endógeno como el de la literatura fuerista: Traducción y divulgación de obras ajenas a la ideología fuerista como Alfred Tennyson, Longfellow, Sacher Masoch. Estas excentricidades literarias generaban duda entre los escritores coetaneos respecto a su compromiso con la temática propia de la literatura fuerista. Arturo Campión advertiría sobre la extravagancia de este escritor que se integraba dentro de esa generación de escritores dispuestos a restituir moralmente el “oasis foral” abolido el 21 de julio de 1876: “Por lo que tiene de menos preciso y exacto el idealismo, peca Vicente Arana. Los personajes y sus asuntos son vascongados, pero no lo suficientemente vascongados”6. Años más tarde primaría este oscuro señuelo sobre el primo de Sabino Arana Goiri al que también se recordaría de esta manera al publicar un poema suyo: “Al trasladar aquí esta poesía del autor de Los últimos iberos, no significa que tengamos por buenas y patrióticas todas y cada una de sus composiciones literarias; habiendo entre ellas varias que nunca podrían encajar en nuestra revista”7. También Miguel de Unamuno frivolizaría sobre el excesivo romanticismo de Vicente Arana. Aparte de su caracterización en Paz en la Guerra (1898), le dedicará un relato paródico. “Guernica: Recuerdos de un viaje corto” donde Unamuno frivolizará sobre el gusto poético excesivamente refinado para un escritor bilbaíno como Vicente Arana: “Desde el balcón se ve un hermoso paisaje, pero no soy poeta lakista y dejo al cuidado ajeno imaginarse tal paisaje”8. Sin embargo, existe un nexo común fundamental que generaba inquietud y tensión entre Arana Goiri y Miguel de Unamuno respecto a Vicente Arana: su airada vida sentimental poco ajena a comentarios en una pequeña ciudad provinciana como Bilbao.

Sabino Arana Goiri.
Vicente Arana había protagonizado un duelo amoroso en Londrés y había recorrido media Francia detrás de la joven Mami Fanny, la hija de un joven pastor calvinista. Entre hombres rectos y de castas costumbres, el comportamiento de Vicente Arana no podía resultar más libertino y desairado. Miguel de Unamuno no dudaría en convertir a Vicente Arana en un hombre acuciado por las veleidades sentimentales que “perseguía por las calles y paseos, de lejos y furtivamente a su sobrina Rafaela”9. Para un hombre de fuerte sentido del deber y poco propicio para la sentimentalidad erótica, Vicente Arana resultaba una figura inquietante por la primacía del erotismo en sus sentimientos y pensamientos: “Al oír que iba a hacer aurresku la primera compañía, corrió a verlos con la servilleta al cuello, sintiéndose otro, retozándole los pies, con ganas de romper aquella su eterna vergüenza, y de decir a gritos su secretos, los secretos de aquellas conversaciones íntimas de sus horas de soledad”10. La soledad de Vicente Arana inquietaba a Miguel de Unamuno: Qué hacía Vicente Arana esas horas solitaria que él dedicaba al estudio, el trabajo literario o la reflexión filosófica? Donde podía terminar tanta frivolidad para un hombre de edad respetable? Miguel de Unamuno revela el secreto del viejo primo solterón de Sabino Arana Goiri: “Al encontrarse Don Juan en un armario, fotografías y libros obscenos, murmuró no pudiendo retener las lágrimas: -Cuántas veces he querido curarle!... Pobre Miguel!”11. Literariamente resolvería de esta manera Miguel de Unamuno estas inquietudes y temores respecto a la sexualidad. Tanto Miguel de Unamuno como Sabino Arana Goiri, pequeñas hormigas de la fábula de La Fontane, hombres consagrados al deber y al sacrificio colectivo, no pudieron entender el mero placer por el despilfarro de la cigarra que pasó su tiempo cantando al sol.

1 UNAMUNO, Miguel, Paz en la Guerra, Madrid, Cátedra, 1999, op.cit. pág. 148
2 UNAMUNO, Miguel, Paz en la Guerra,op.cit. pág. 150
3 UNAMUNO, Miguel, Paz en la Guerra,op.cit. pág. 151
4 UNAMUNO, Miguel, Paz en la Guerra,op.cit.
5 VILLACORTA, José Luis, La Revista Vizcaya (1885-1889), Bilbao, Bidebarrieta Kulturgunea,1999.
6 CAMPIÓN, Arturo, “Escritores euskaros contemporaneos: Vicente Arana”, Revista Euskara ,1883, VI, págs. 12-22 / 118-123
7 ARANA Vicente, “La canción”, Revista Euzkadi, 1914,3, pág. 100
8 UNAMUNO Miguel, “Guernica: Recuerdos de un viaje corto”, Revista de la Excelentisima Diputación Provincial de Vizcaya, 26, 1966, págs.52-54
9 UNAMUNO, Miguel, Paz en la Guerra,op.cit. pág. 311
10 ibid, pág. 315
11 ibid. pág. 393